Tras sufrir graves daños durante la Guerra Civil española y ser un importante enclave para los maquis en la posguerra, Manzanera experimentó una revitalización que culminó con el Premio Nacional de embellecimiento “Conde de Gualdalhorce” en 1971. Este reconocimiento resalta la resiliencia y la capacidad de recuperación de Manzanera, un pueblo que, a pesar de las adversidades históricas, ha sabido preservar y valorar su rica herencia cultural y su encanto natural.
Desde finales del siglo XVI, Manzanera se transformó en un próspero enclave comercial gracias al comercio de la lana, atrayendo a mercaderes italianos y catalanes. Durante la Guerra de la Independencia Napoleónica, albergó la Junta Superior de Aragón y Castilla, y durante la Guerra Carlista, fue escenario de enfrentamientos militares significativos.